El cerdo ibérico es una raza autóctona y exclusiva de nuestra península ibérica, con unas diferencias sustanciales del cerdo blanco.
Contribuye a la conservación del ecosistema mediterráneo que lo alberga, la dehesa de encinas y alcornoques, al cuál se encuentra importantemente vinculado adaptándose perfectamente a la dureza de sus condiciones medio ambientales. Esto lo ha convertido en su principal inquilino y el rey de la misma.
Desde su nacimiento se cría en libertad alimentándose de hierba fresca y cereales hasta la época de la montanera en la que la base de su alimentación será el consumo de bellotas junto con las hierbas frescas del bosque mediterráneo de la dehesa. Así continuará alimentándose hasta la fecha de su sacrificio. Este hecho a contribuido a su adaptación y capacitación a lo largo de su historia para la transformación de los hidratos de carbono que abundan en la bellota.
Estéticamente el cerdo ibérico se diferencia de otras razas por su mayor delgadez motivada, en parte, por su también mayor movilidad a lo largo de la dehesa.
Entre sus principales características podemos destacar las siguientes:
– Se trata de una especie de tamaño y proporciones medias
– Tienen un esqueleto más fino y ligero, lo que les proporciona más viveza y movilidad más fácil y suelta.
– Sus patas son muy largas y finas, aunque no por ello débiles.
– La cabeza es pequeña, destacando su gran papada y un hocico afilado (largo y recto).
– Sus orejas son puntiagudas y tienden a doblarse hacia delante.
– Su pelaje es débil y escaso.
– Su grupa es larga, ancha, algo caída y musculada.
– Disponen de un vientre proporcionado y desarrollado
– Sus jamones son más largos.
Debido a su particular genética y alimentación la carne del cerdo ibérico tiene un elevado contenido de ácido oleico, así como una alta tendencia a la infiltración de grasa en su musculatura.
TODAS ESTAS PECULIARIDADES CONVIERTEN SUS PRODUCTOS DERIVADOS EN AUTÉNTICOS MANJARES Y JOYAS GASTRONÓMICAS DE NUESTRA TIERRA MUY APRECIADAS EN TODO EL MUNDO.
Después de retirar las costillas de la media canal. Se suele servir cortado entre la segunda y tercera vértebra. El chuletero sin aguja se obtiene al retirar, a cuchillo, la aguja del chuletero completo.